Este texto contiene spoilers de los episodios 3 y 4.

Después de cuatro episodios, tengo bastante claro qué es lo que me mantiene completamente adentro con Spooky in Love: ellos dos.

Yeo-ri y Gang-uk juntos funcionan demasiado bien. La dinámica es divertida, la química está creciendo y el contraste entre ella —completamente acostumbrada a los muertos— y él —capaz de enfrentarse a cualquier criminal, pero no a una señora fantasmal con el cabello sobre la cara— sigue siendo lo mejor del drama.

El problema aparece cuando la historia se aleja de ellos para entrar en las luchas corporativas, la prima ambiciosa, los planes de sucesión y un villano golfista que parece estar audicionando para otro drama mucho más exagerado.

El episodio 3 me pareció un poco más flojo que los anteriores, pero hizo algo muy importante: metió finalmente a Gang-uk dentro del mundo de Yeo-ri.

Y eso cambió la relación entre ellos.

Ahora él puede entenderla de verdad

Me gustó que Gang-uk comenzara a ver fantasmas tan pronto.

El drama podía haber pasado seis episodios con él pensando que Yeo-ri estaba inventando cosas, buscando explicaciones racionales y descubriendo la verdad cuando ya todas estuviéramos cansadas de esperar.

Por suerte, no hizo eso.

Gang-uk entra rápidamente en ese mundo y comienza a experimentar una pequeña parte de lo que ella lleva años soportando. Se asusta, se desespera y claramente no está disfrutando la experiencia, pero lo que más me gusta de él es que no se queda solamente dentro de su propio miedo.

También piensa en ella.

Comprende que, si para él un mes viendo fantasmas está siendo insoportable, Yeo-ri lleva muchísimo tiempo viviendo así, completamente sola y sin poder explicárselo a nadie.

Él es muy empático con su dolor.

No la mira como una mujer extraña ni convierte su condición en un espectáculo. Intenta comprenderla y reconoce lo difícil que debió ser pasar tantos años viendo muertos mientras, además, mantenía distancia de todo el mundo para no arrastrar a nadie hacia esa misma experiencia.

Gang-uk sigue siendo amable, atento y genuinamente lindo con ella.

Con los delincuentes es valiente.

Con los fantasmas se esconde detrás de Yeo-ri.

Una cosa no quita la otra.

La borrachera: graciosa, pero convenientemente ubicada

La escena de Yeo-ri bebiendo con Gang-uk y sus compañeros me pareció divertida.

Me gustó verla un poco más desinhibida y me causaron gracia varios momentos entre ellos. Park Eun-bin maneja muy bien esa transformación: puede pasar de la CEO controlada a una mujer mucho más espontánea sin que parezca que cambiaron al personaje en medio de la escena.

También fue otra oportunidad para que Gang-uk mostrara la amabilidad que tiene con ella.

Pero nuevamente tuvimos una coincidencia demasiado grande.

Ellos salen a beber y, casualmente, terminan exactamente en el restaurante donde está Yeo-ri. Otra vez el guion empujándolos para que se encuentren, porque parece que todavía no confía en que puedan buscarse por voluntad propia.

La escena funcionó.

La forma de llevarlos hasta ella, bastante menos.

El niño me partió

El caso del niño fue, para mí, el momento más doloroso de estos episodios.

Yo no puedo ver niños sufriendo. Desde que soy mamá, cualquier historia donde aparece un niño en peligro me afecta de una forma completamente distinta. Muchas veces termino mirando hacia otro lado o pasando la escena porque simplemente no puedo.

Esta vez lo vi completo.

Y lloré muchísimo.

El niño intentando proteger a su hermana, la tragedia del accidente y lo que él todavía quería hacer por ella me partieron. Fue la prueba de que Spooky in Love puede utilizar a los fantasmas para emocionar sin convertir cada espíritu en el protagonista absoluto de un episodio.

Y eso es algo que agradezco.

No quiero una estructura donde cada semana llega un muerto nuevo, conocemos toda su vida, descubrimos su trauma y nos echamos a llorar durante una hora antes de comenzar nuevamente con el siguiente.

Ya hemos visto esa fórmula en Hotel del Luna, Phantom Lawyer y The Midnight Studio.

Puede funcionar, pero también puede volverse agotadora.

Aquí los muertos aparecen, dejan una historia o un problema pendiente, reciben ayuda y la trama continúa. No tenemos 12 episodios para conocer 12 fantasmas distintos mientras la relación principal avanza cinco minutos por semana.

El caso del niño tuvo humanidad, dolor y propósito.

Pero no se tragó todo el drama.

Ese equilibrio me gusta mucho más.

Un mes de llamadas construyó una relación

Durante un mes, Yeo-ri ayuda a Gang-uk a sobrevivir a los fantasmas.

Las llamadas fueron resumidas, sí, pero me parecieron una forma bastante efectiva de acercarlos.

No significa que ya estén profundamente enamorados.

Significa que dejaron de ser dos personas que coincidieron varias veces alrededor de cadáveres y comenzaron a construir una relación real. Hablaron todos los días, compartieron algo que nadie más puede comprender y crearon una rutina propia.

Ella tiene años de experiencia viviendo con los muertos.

Él necesita esa experiencia para no perder completamente la cabeza.

Y, poco a poco, se va formando una amistad, una confianza y una intimidad que no dependen de una caída en cámara lenta ni de despertar accidentalmente en la misma cama.

Honestamente, ese mes de llamadas hizo más por su relación que todas las coincidencias forzadas de los dos primeros episodios.

Por eso no me funcionó que, al terminar el mes, Yeo-ri volviera a apartarlo.

Entiendo que no quiera tocarlo nuevamente y reiniciar el efecto.

Lo que no entiendo es por qué necesita eliminarlo de su vida.

Ya tienen una conexión. Ya hablan. Ya se conocen. Ella no tiene amigos y, posiblemente por primera vez en mucho tiempo, encontró a alguien que entiende una parte de su realidad.

Alejarlo otra vez me pareció una decisión metida para crear conflicto, no una reacción natural a lo que acababan de vivir.

Los fantasmas no son terroríficos, pero a mí sí me incomodan

He leído comentarios diciendo que el drama no debería llamarse Spooky in Love porque los fantasmas no asustan.

Bueno, a mí sí. Un poquito. Pero yo soy como Gang-uk, cobarde para estos temas.

No estamos hablando de terror puro ni de espíritus diseñados para que una duerma con todas las luces encendidas. La mayoría de las escenas sobrenaturales con Gang-uk tienen una intención más cómica que aterradora.

La fantasma de cabello largo apareciendo sobre él mientras dormía, multiplicándose y trotando junto a él claramente busca hacernos reír.

Y para algunos puede que funcione como comedia, aunque dentro de la lógica de los fantasmas sea un poco absurda.

Pero tampoco diría que me resulta agradable que cada vez que abre una puerta aparezca un muerto con mala cara delante de él.

Yo no necesito que el fantasma se arrastre por el techo y gire la cabeza 360 grados para sentirme incómoda.

Para mí, con que aparezca ya tenemos suficiente spooky.

El drama corporativo sigue siendo lo más flojo

Cuando Spooky in Love se concentra en ellos, en los fantasmas y en las investigaciones, funciona.

Cuando entra en modo conglomerado, pierde energía.

La prima, las luchas por la empresa y los planes para quitarle el lugar a Yeo-ri no me interesan demasiado. Es una trama conocida y, hasta ahora, bastante exagerada y caricaturesca.

El golfista maluco tampoco ayuda.

El personaje está interpretado de una forma demasiado exagerada y sus planes se sienten cada vez más absurdos. El secuestro de Yeo-ri, por ejemplo, parecía organizado por personas que habían visto una película de acción una vez y decidieron improvisar.

La amarraron con un nudo del que, si le daban más tiempo, seguro podía soltarse sola.

Contrataron supuestos matones que fueron derrotados con cuatro patadas del fiscal Gang-uk.

Y todavía necesitamos una explicación de cómo llegó al galpón, porque prácticamente se teletransportó. Apareció en modo comando, pateó la puerta, repartió golpes y resolvió el secuestro antes de la cena.

Con los fantasmas tiembla.

Con un grupo de secuestradores profesionales, despacha el asunto antes de la cena.

Entiendo el contraste y me causa gracia, pero la escena fue demasiado conveniente.

Como dije, todavía no sabemos con exactitud cómo descubrió dónde estaba Yeo-ri. Parece que el mensaje que vio durante la ducha lo guio de alguna forma, pero espero que el siguiente episodio lo explique un poco mejor.

Porque una cosa es aceptar lo sobrenatural.

Otra es aceptar que los fantasmas también ofrecen servicio de localización en tiempo real.

Min-hwan tampoco viene a salvar el triángulo amoroso

Min-hwan sigue sin darme ninguna confianza.

No parece el clásico segundo protagonista perfecto, amable e injustamente rechazado. Hay algo extraño en él y todo apunta a que sabe mucho más de lo que se ha contado sobre la muerte de su hermano Ji-hwan, quien además era amigo de Yeo-ri.

No creo que venga a ser una buena persona que simplemente tendrá mala suerte en el amor.

Aquí hay secretos, resentimiento y una relación con su familia adoptiva que todavía no comprendemos completamente. Aunque teorías hay!

Y eso me interesa más que verlo compitiendo románticamente con Gang-uk.

El drama ya tiene suficiente con una prima tramando, un golfista secuestrando y una familia peleando por el conglomerado. No necesitamos convertir también al tercero en cuestión en otro hombre haciendo escenas de celos durante ocho episodios.

¿Gang-uk murió?

El atropello sí me impactó.

No esperaba que el golfista se lo llevara por delante de esa manera y el final consiguió dejar una pregunta suficientemente grande para esperar el próximo episodio.

Ahora, evidentemente, no creo que el protagonista haya muerto definitivamente en el episodio 4.

Estamos comenzando.

Sería un giro bastante fuera de lo común que Gang-uk muriera y siguiera acompañando a Yeo-ri desde el más allá. También podrían dejarlo en coma y hacer que su espíritu la ayude mientras su cuerpo permanece en el hospital.

Sería diferente. De eso no hay dudas.

Pero no creo que sea lo que hará el drama.

Lo más probable es que haya tenido una experiencia cercana a la muerte, similar a la de Yeo-ri, o que ella haya visto su espíritu mientras él estaba temporalmente entre ambos mundos.

Lo que espero es que no nos digan simplemente que murió por unos segundos, despertó, habló con los médicos, se echó un bañito, se cambió de ropa, salió del hospital y la encontró todavía llorando en el mismo banco.

Porque entonces la verdadera pregunta no sería si Gang-uk murió.

Sería cuánto tiempo pasó esa mujer sentada ahí.

Tres horas.

Tres días.

Una hospitalización completa.

La ropa que llevaba cuando apareció parecía distinta, así que espero que exista una explicación mejor que “se recuperó rapidito, bajó a tomar aire y se la encontró”.

Mi mirada después de cuatro episodios

Spooky in Love me sigue gustando bastante.

Los episodios 3 y 4 hicieron algo muy importante: dejaron de depender únicamente de las coincidencias y comenzaron a construir una conexión real entre los protagonistas.

Gang-uk ya conoce el mundo de Yeo-ri.

Puede entender su soledad, su miedo a acercarse a los demás y el peso de vivir rodeada de muertos. Ella, por su parte, encontró a alguien con quien puede compartir una experiencia que durante años tuvo que soportar sola.

Ellos dos son lo mejor del drama.

La química funciona.

La comedia funciona.

Su dinámica entre valentía, miedo, fantasmas y cuatro patadas funciona.

Lo que no funciona igual de bien son los complots corporativos, la prima ambiciosa, el villano exagerado y algunas conveniencias de guion que siguen siendo demasiado visibles.

No necesito que Spooky in Love sea una historia de terror.

Tampoco necesito que cada fantasma ocupe un episodio completo.

Quiero verlos investigar, ayudar a los muertos, construir su relación y descubrir qué ocurrió realmente en el pasado de Yeo-ri.

El drama tiene claro cuál es su mejor pareja.

Ahora solo falta que recuerde cuál es su mejor historia.