Hay dramas que presentan a su pareja protagonista con un encuentro bonito, música romántica y esa mirada en cámara lenta que prácticamente anuncia que ya pueden ir reservando el salón para la boda.

Spooky in Love decidió que los suyos se conocieran frente a un cadáver enterrado en una montaña, mientras él sospechaba que ella podía ser la asesina.

No fue un meet-cute.

Fue un meet-cadáver.

Y, honestamente, me funcionó.

Después de los dos primeros episodios estoy completamente adentro con este drama. Me gusta la dinámica de los protagonistas, me gusta el tono, me gusta la forma en la que utiliza los fantasmas y me gusta que, hasta ahora, no parece interesado en convertir cada aparición sobrenatural en una tragedia de una hora diseñada para dejarnos llorando.

Eso sí: el guion está lleno de coincidencias.

Algunas puedo comprarlas porque forman parte del mecanismo de la historia. Otras vienen con tanto pegamento narrativo que es imposible no ver cómo las armaron.

Y curiosamente, aunque el segundo episodio fue el que terminó de mostrar hacia dónde irá la alianza entre los protagonistas, a mí me gustó un poco más el primero.

Una mezcla conocida que, por ahora, funciona

Spooky in Love me recuerda a una combinación entre Hotel del Luna, Phantom Lawyer y From Now On, Showtime!.

De Hotel del Luna tiene el hotel lujoso, la protagonista poderosa y espectacularmente vestida, su aislamiento emocional y la presencia constante de personas fallecidas que todavía necesitan algo de los vivos.

De Phantom Lawyer toma la relación entre los fantasmas y la resolución de investigaciones: los muertos pueden ofrecer información que la justicia convencional nunca conseguiría, pero hace falta alguien vivo capaz de escucharla y convertirla en evidencia.

Y de From Now On, Showtime! tiene esa comedia sobrenatural más ligera, la energía caótica y la posibilidad de formar un equipo donde lo paranormal no elimina el humor.

No siento que Spooky in Love esté copiando ninguno de esos dramas. Está tomando elementos reconocibles y organizándolos alrededor de otra promesa: ver cómo una mujer que no puede acercarse físicamente a nadie termina relacionándose con un fiscal que, aparentemente, podría convertirse en la excepción.

La pregunta no es solamente qué casos resolverán.

La pregunta es qué va a ocurrir cuando ella descubra que quizá sí pueda tocarlo.

Park Eun-bin y una protagonista que ya aceptó su realidad

De Park Eun-bin no tenía dudas.

Y estos episodios solamente ratificaron lo versátil que puede ser.

Cheon Yeo-ri puede pasar de ser una CEO seria, elegante y algo fría a una mujer vulnerable, incómoda, divertida o completamente descolocada en cuestión de segundos. Pero lo mejor es que ninguna de esas versiones parece pertenecer a personajes distintos.

Todo forma parte de la misma mujer.

Su frialdad no se siente como arrogancia. Cuando tiene que rechazar a alguien, su cuerpo deja ver que no quiere hacerlo. Se nota la incomodidad, la culpa y esa pequeña resistencia antes de levantar nuevamente la barrera.

Ella no aleja a la gente porque no la necesite.

La aleja porque cree que, al acercarse, puede hacerles daño.

Su condición ya afectó una relación anterior. El contacto físico provoca ese frío extraño y arrastra a la otra persona hacia un mundo que Yeo-ri conoce demasiado bien. Por eso utiliza guantes, evita tocar y se obliga a mantener una distancia que tampoco parece hacerla feliz.

Park Eun-bin logra que entendamos esa contradicción sin necesidad de explicarla en un discurso.

Yeo-ri puede verse controlada por fuera mientras, por dentro, está viviendo una conversación completamente distinta.

En eso está gran parte de la comedia del personaje.

Puede sostener una expresión seria frente a los demás y, apenas se da vuelta, transformarse porque algo la emocionó, la incomodó o le hizo ilusión. Me pareció que, en los avances de los próximos episodios, puede que descubra que tocar a Gang-uk no produce el mismo efecto que con otras personas, y su reacción ya promete ser graciosísima. Ojito, es solo teoría.

También me gusta cómo enfrenta a los fantasmas.

Puede asustarse por un segundo, porque tampoco vamos a exigirle que reciba cadáveres flotantes como quien recibe al repartidor, pero rápidamente vuelve a la normalidad. Ver espíritus ya está incorporado a su vida.

No entra en negación. No corre durante veinte minutos. No necesita que alguien llegue a rescatarla.

Escucha, entiende qué necesitan y trata de resolverlo.

Es inteligente, decidida, valiente y activa. Una protagonista que conduce, persigue, investiga, pelea y ayuda, en lugar de quedarse esperando que la historia ocurra alrededor de ella.

Y, por supuesto, su vestuario hasta ahora merece un diez.

Yang Se-jong me sorprendió

Con Yang Se-jong sí tenía algunas dudas.

Su último personaje, en Doona!, no me molestó, pero sí me pareció bastante plano. Parte de eso correspondía a cómo estaba escrito ese protagonista, pero quería ver qué podía hacer con un personaje que necesitara más energía, acción y comedia.

Aquí me está gustando mucho más.

Ma Gang-uk es un fiscal decidido, atrevido y seguro de sí mismo. No se queda callado, no se achica frente al poder y está dispuesto a involucrarse físicamente cuando la situación lo requiere.

Busca justicia y se mueve para conseguirla.

Cuando los hombres chocan el automóvil de Yeo-ri e intentan escapar, él no se queda contemplando la situación desde la acera. Se monta, persigue y participa.

Cuando tiene que detener al golfista, aparece en medio del campo con una entrada casi teatral que me pareció muy divertida.

Es un personaje activo.

Pero todo ese valor parece desintegrarse en cuanto entran los fantasmas a la conversación.

Y ahí está la mejor parte.

Me encanta que pueda enfrentarse a delincuentes sin pestañear, pero probablemente prefiera interrogar a veinte asesinos antes que quedarse solo en una habitación donde alguien diga que escuchó un ruido extraño.

Ese contraste le da muchísima comedia al personaje y puede convertirse en uno de los motores más entretenidos de la pareja.

Ella está completamente acostumbrada a los espíritus.

Él parece estar completamente dispuesto a no acostumbrarse nunca.

Ya quiero ver qué hará cuando entienda que Yeo-ri dice la verdad y que estar cerca de ella podría significar comenzar a ver exactamente aquello que más miedo le da.

Juntos funcionan mejor

La dinámica entre Park Eun-bin y Yang Se-jong es, para mí, lo mejor del estreno.

No porque ya exista un romance construido. Todavía no.

Lo que existe es una química muy buena como dúo.

Los dos son decididos, los dos participan en la acción y ninguno está ocupando permanentemente el papel de la persona que debe ser rescatada. Pueden ayudarse, pero no se siente que uno sea competente mientras el otro está allí únicamente para verse bonito en el encuadre.

Los dos avanzan, discuten y toman decisiones. Y los dos pueden meterse en problemas con bastante eficiencia.

Cuando están juntos, el drama tiene más energía. La comedia fluye mejor y las escenas se sienten más vivas.

Cuando se separan, la historia baja un poco y parece compensarlo exagerando a algunos secundarios o metiendo más conflictos alrededor. Entiendo que necesita construir un mundo más grande, porque si todo dependiera solamente de ellos probablemente tendríamos una producción de cuatro episodios y buenas noches.

Pero espero que el drama sepa qué es lo que mejor le está funcionando.

Y, por ahora, son ellos dos.

El episodio 1 me gustó más

El primer episodio me pareció una presentación muy efectiva.

Nos mostró quién es Yeo-ri, cómo vive con su condición y por qué mantiene a todo el mundo a distancia. También presentó a Gang-uk como un fiscal valiente, algo impulsivo y completamente ajeno al mundo sobrenatural.

Su primer encuentro fue diferente.

No hubo flores, cámara lenta ni una caída convenientemente coreografiada para que él la sostuviera por la cintura durante quince segundos y largas miradas con Poker Face.

Se encontraron mientras ella buscaba un cadáver y él pensaba que acababa de sorprender a una asesina enterrando a su víctima.

Discutieron, forcejearon y comenzaron su relación sospechando el uno del otro.

Me gustó porque fue extraño, caótico y coherente con el tipo de historia que quieren contar.

Después comenzaron las coincidencias: volvieron a encontrarse durante la persecución del automóvil, apareció otro cadáver y sus caminos continuaron cruzándose hasta que finalmente comprendieron quién era el otro.

Algunas coincidencias son necesarias. Si él investiga homicidios y ella recibe información de los muertos, evidentemente terminarán apareciendo en los mismos lugares.

Esa es la premisa.

El problema comenzó cuando el segundo episodio decidió que coincidir durante las investigaciones no era suficiente y que también necesitábamos colocarlos en la misma habitación, en la misma cama y también debajo de la misma maleta.

El episodio 2 y las conveniencias de guion

El segundo episodio tuvo momentos muy divertidos.

Me gustó la entrada de Gang-uk al campo de golf para detener al sospechoso. Me gustó verlos involucrarse más directamente en el mismo caso y me gustó que ella le revelara su fuente de información, aunque él, por supuesto, no le creyera.

Pero también sentí mucho más la mano del guion acomodando las situaciones.

La escena de la habitación de hotel fue demasiado forzada.

Puedo aceptar que, por una serie de errores, terminen entrando en la misma habitación. Lo que me cuesta muchísimo más comprar es que dos personas adultas pasen la noche entera en la misma cama sin darse cuenta de que hay otro cuerpo allí.

La habitación puede ser enorme. La cama puede ser gigantesca. Pueden haber tomado un par de cervezas y llegar un poco despistados a dormir.

Pero una cosa es dormir profundamente y otra perder por completo el sentido del espacio, del oído y aparentemente también del tacto.

La escena existe porque el drama quería la imagen de ambos despertando juntos. Y se nota.

Lo mismo ocurrió cuando Gang-uk intentó protegerla de una maleta que caía precipitadamente por unas escaleras mecánicas. Esto lo llevó a ejecutar una valiente maniobra de salvación bastante exagerada.

Entiendo lo que querían conseguir: mostrarnos al protagonista heroico, crear contacto físico y añadir otro momento romántico disfrazado de accidente.

Pero estaba demasiado armado.

La crítica inicial también ha señalado precisamente esa dependencia de los encuentros convenientes y la sensación de que el guion está esforzándose demasiado por colocar a los protagonistas en el mismo lugar.

Y puedo estar de acuerdo con esa crítica sin declarar que el drama no sirve.

Una cosa no elimina la otra.

Me está gustando Spooky in Love y, al mismo tiempo, puedo reconocer que algunas escenas están construidas con la sutileza de alguien moviendo los muebles frente a nosotras.

El episodio 1 me pareció más natural.

El segundo quiso producir demasiados momentos memorables y terminó mostrando demasiado el mecanismo.

Los fantasmas son el medio, no el fin

Una de las cosas que más me está gustando es la rapidez con la que avanzan los casos.

En dos episodios ya aparecieron varios cadáveres y diferentes espíritus. La historia resuelve una parte, introduce otra y continúa avanzando sin dedicarle un episodio completo a cada persona fallecida.

Eso marca una diferencia importante con Hotel del Luna o Phantom Lawyer.

En esos dramas, los fantasmas podían convertirse en el centro emocional del episodio. Conocíamos su historia, entendíamos sus resentimientos y, con bastante frecuencia, terminábamos llorando por alguien que llevaba muerto desde antes de que empezara el capítulo.

Aquí no parece que esa vaya a ser la estructura.

Por ahora, los espíritus funcionan más como testigos que solamente Yeo-ri puede escuchar. Ayudan a descubrir asesinatos, conectan a los protagonistas y abren investigaciones, pero no se quedan con toda la historia.

Y me gusta.

No necesito llorar por un fantasma diferente cada semana para sentir que el elemento sobrenatural está bien utilizado.

En Spooky in Love, los fantasmas parecen ser la excusa narrativa para hablar del aislamiento de Yeo-ri, de su imposibilidad de tocar a los demás y de la relación que comenzará a construir con Gang-uk.

El centro no son los muertos.

El centro son ellos dos.

El tercero en cuestión no viene con aureola

En el segundo episodio también apareció el supuesto tercero en cuestión.

Y ya vemos que no tiene ninguna energía de second lead perfecto injustamente rechazado.

Desde su entrada hay algo extraño. Se siente territorial, poco transparente y demasiado pendiente de controlar lo que ocurre alrededor de Yeo-ri.

No parece el hombre bueno, paciente e impecable que luego nos hará preguntar por qué la protagonista eligió al otro.

Aquí la caída se ve venir.

Puede que tenga sentimientos reales por ella, pero eso no significa que sus intenciones sean completamente limpias ni que sepa relacionarse con ella de una manera sana.

Y sinceramente, prefiero eso a otro triángulo amoroso donde el segundo protagonista parece haber sido fabricado en un laboratorio para superar moralmente al primero en todo, excepto en ser elegido por el guion.

Mis primeras impresiones

Estoy completamente adentro con Spooky in Love.

Me gusta Park Eun-bin, me sorprendió para bien Yang Se-jong y creo que juntos tienen una dinámica fabulosa. Son activos, divertidos y funcionan especialmente bien cuando el drama les permite discutir, investigar y meterse en problemas como un dúo.

También me gusta que la historia no se quede atrapada en un fantasma por episodio y que el elemento sobrenatural esté al servicio de la relación principal.

No parece terror.

No parece un drama de casos completamente independiente.

Y tampoco parece interesado en repetir exactamente el modelo emocional de Hotel del Luna o Phantom Lawyer.

La debilidad, hasta ahora, son las coincidencias.

El drama necesita confiar más en la conexión natural que ya existe entre los protagonistas y dejar de fabricar situaciones para obligarlos a tocarse, dormir juntos o lanzarse por unas escaleras mecánicas.

No necesita esforzarse tanto.

Ellos ya funcionan.

El episodio 1 me gustó más porque presentó esa dinámica de una forma extraña, divertida y relativamente natural. El segundo siguió siendo entretenido, pero quiso empujar demasiado algunas escenas.

Aun así, quiero seguir viendo.

Quiero saber qué ocurre cuando Gang-uk descubra que los fantasmas son reales. ¿Podrá ver él también los fantasmas en los siguientes episodios? Cómo cambiará su relación con Yeo-ri y qué significa realmente que él pueda ser la única persona capaz de tocarla sin sufrir las mismas consecuencias.

Spooky in Love no viene a reinventar la comedia romántica sobrenatural.

Por ahora, nos recuerda las ideas de varios dramas que ya conocemos, agregándoles dos protagonistas con muchísima energía y esperando que perdonemos algunas coincidencias en el camino.

Y, de momento, yo se las estoy perdonando.

Con observaciones.

Porque una puede estar completamente adentro y todavía ver los hilos que está moviendo el guionista.