⚠️ Atención: este artículo contiene spoilers de los episodios 7 y 8.

Mi mirada

Hasta ahora, Reborn Rookie había sido bastante generoso con nosotros.

Kang Yong Ho y su pequeño equipo de planificación parecían ir siempre un paso por delante. Investigaban, descubrían fondos ilícitos, armaban empresas ficticias, desmontaban negocios internacionales y dejaban a los gemelos con cara de: “¿En qué momento ocurrió todo esto?”.

En los episodios 7 y 8 se acabó la comodidad.

Jae-kyung tomó el tablero, movió prácticamente todas las piezas al mismo tiempo y consiguió algo mucho más peligroso que ganar una negociación: logró que sus enemigos empezaran a pelear entre ellos.

Hundió a su hermano.

Comprometió a la esposa de su hermano.

Atacó al presidente interino.

Puso a los empleados en contra del equipo de planificación.

Presionó a Bang-geul con el 30% de Soluciones Choiseong.

Avanzó sobre la clínica donde permanece el cuerpo de su padre en coma.

Y mientras todos intentaban apagar incendios distintos, ella siguió acercándose al control de Choiseong.

Muy organizada la señora.

Moralmente destruida, pero organizada.

Sin embargo, lo más fuerte de estos episodios no fue verla ganar terreno.

Fue escucharla explicar por qué está dispuesta a destruirlo todo.

Jae-sung: el heredero que terminó siendo la pieza de todos

El hijo gemelo empieza a verse cada vez menos como un gran villano y cada vez más como un hombre ambicioso al que todos utilizan.

Eso no lo convierte en inocente.

Participó en el atropello, el encubrimiento, los fondos ilícitos y varias decisiones que no pueden archivarse cómodamente bajo el título de “fue manipulado”. Es responsable de lo que hizo.

Pero también es evidente que no tiene la inteligencia estratégica de su hermana.

Quiere el poder, pero necesita que otros piensen por él.

Su hermana lo supera.

Su esposa lo dirige.

Su suegro lo utiliza como puerta de entrada a Choiseong.

Y él sigue convencido de que está construyendo su propio camino cuando, en realidad, termina convertido en la pieza de alguien más.

También parece claro que Jae-sung sí estaba enamorado de su esposa, Na Eun-se. ¿O soy yo queriendo encontrar un ápice de humanidad en ese personaje?

Ella, en cambio, parece haberse casado con él como parte de una estrategia construida junto a su padre, Jo Byeong-mo, presidente de Taeha. No lo ve como un socio brillante ni como el gran amor de su vida. Lo ve como acceso.

Acceso al apellido, a Choiseong, y a una empresa que su padre lleva tiempo intentando controlar.

Kang Yong Ho siempre supo que esa mujer era peligrosa. Incluso puso como condición para aceptar el matrimonio que ella nunca trabajara dentro de Choiseong.

No era simplemente un suegro siendo controlador porque sí. Sabía que dejarla entrar a la empresa significaba meter una estratega de Taeha directamente en el corazón del conglomerado.

Jae-sung rompió la promesa.

Y, como suele ocurrir en esta familia, descubrió demasiado tarde que su padre tenía razón sobre algo.

Jae-kyung detecta cada una de sus debilidades y las utiliza.

Lo responsabiliza por el secuestro y por los fondos ilícitos.

Involucra también a Na Eun-se.

Juega con Jo Byeong-mo como si estuviera formando una alianza, aunque cada conversación forma parte de una negociación mayor.

Jae-sung cree que tiene esposa.

Su suegro cree que tiene un peón.

Jae-kyung entiende que tiene dos herramientas disponibles.

Y las utiliza.

Por eso el personaje empieza a provocar algo parecido a la lástima. No porque haya dejado de ser culpable, sino porque descubre que las personas en quienes confiaba nunca lo consideraron especialmente valioso.

Su esposa lo veía como un medio.

Su suegro lo veía como una entrada.

Su hermana lo veía como un rival fácil de manipular.

Y su padre lo crió haciéndole creer que toda su vida dependía de conseguir ganarle a su gemela.

Es bastante triste.

Pero la tristeza no funciona como borrador de antecedentes penales, así que tampoco nos emocionemos demasiado.

El 30% de Inversiones Sonrisa

En los episodios anteriores vimos a Jae-kyung comprar Soluciones Choiseong.

La compra había sido parte de una trampa del equipo de planificación: consiguieron que invirtiera una enorme cantidad de dinero en una empresa donde existía una participación del 30% perteneciente a Inversiones Sonrisa, vinculada a Bang-geul.

Nombre muy inocente para una operación de guerra corporativa.

Nada sospechoso por aquí.

Pero Jae-kyung finalmente descubre quién está detrás de ese porcentaje y exige que Bang-geul se lo entregue.

Ahí consigue abrir una grieta entre la hija menor y Kang, atrapado en el cuerpo de Hwang Jun-hyeon.

Bang-geul quiere vender el 30% para utilizar ese dinero y cubrir el déficit de la división Comercial. Además, ese porcentaje fue financiado con parte de los fondos ilícitos que habían salido de esa misma división, por lo que ella siente que devolver el dinero es lo correcto.

Su lógica es humana y bastante directa:

Ese dinero salió de Comercial.

Comercial está en problemas.

Entonces el dinero debe regresar.

Kang se opone porque está mirando la estrategia completa.

Si entregan ese 30%, Jae-kyung recuperará el control total de Soluciones Choiseong y después podría avanzar sobre Comercial hasta quedarse con ambas estructuras.

Los dos quieren salvar la división.

Pero Bang-geul quiere resolver el daño inmediato, mientras Kang intenta conservar la única pieza que podría impedir que Jae-kyung se quede con todo.

Y ella, sin saber que está discutiendo con su padre, siente que Hwang Jun-hyeon no comprende la urgencia ni el costo humano de lo que está ocurriendo.

Jae-kyung no pidió esas acciones solamente porque las necesitara.

Las pidió porque sabía que podían dividirlos.

Los despidos que escondían otra operación

Para enfrentar el déficit de Comercial, Jae-kyung presiona al equipo de planificación para que ejecute un gran plan de despidos.

La trampa era perfecta.

Si aceptaban, los empleados comenzarían a verlos como enemigos.

Si se negaban, ella podía acusarlos de no estar preparados para tomar decisiones difíciles ni salvar una división en crisis.

Park Bong-gi recibe la tarea como cualquier persona con alma: sufre.

La escena intenta ser cómica y funciona. Verlo intentando despedir empleados mientras toda su humanidad le pide salir corriendo tiene bastante gracia.

Después llega Kang Yong Ho.

Y Kang sí sabe cortar cabezas.

No porque sea más valiente.

Porque lleva décadas entrenado para mirar departamentos, cargos y costos como partes de una estructura empresarial. Park todavía ve personas. Kang ve una división que necesita sobrevivir.

Eso también fue importante.

El drama no está convirtiendo mágicamente a Kang en un padre adorable que aprendió una lección y ahora reparte abrazos por los pasillos. Sigue siendo el empresario que construyó Choiseong poniendo la compañía por encima de casi todo.

Está cambiando como padre.

Como presidente, todavía tiene el bolígrafo preparado.

Pero entonces descubre que los despidos no buscaban realmente salvar Comercial.

El plan era sacar de Choiseong a un equipo altamente capacitado de la División de Hidrógeno para que Energías Taeha pudiera contratarlo y quedarse con sus conocimientos, su experiencia y su valor.

No querían simplemente comprar una división debilitada.

Querían vaciarla primero.

Kang estaba concentrado en resolver el déficit mediante la reducción de costos. Era la solución que conocía y la que tenía delante.

Hasta que el consejo de la abuela de Hwang Jun-hyeon —senil, pero no tanto como todos creen— lo obliga a mirar el problema desde otro lugar.

La pregunta no era:

“¿A quién debemos despedir?”

La pregunta era:

“¿Quién se beneficia si despedimos precisamente a estas personas?”

Y la respuesta era Taeha.

Kang sabía cortar cabezas.

Lo que tardó un poco más en entender fue que alguien ya había preparado la guillotina y le estaba pidiendo amablemente que tirara de la cuerda.

La División de Hidrógeno y la rabia de Jae-kyung

Taeha ya tenía una participación secreta dentro de Comercial, registrada a nombre de Jo Byeong-mo.

Jae-kyung compra esa participación y, a cambio, le ofrece a Taeha la División de Hidrógeno de Choiseong Comercial.

Pero esa división no es un activo cualquiera para ella.

Años atrás, Jae-kyung había participado en su construcción. Trabajó en las negociaciones, ayudó a levantar el proyecto y sintió que también le pertenecía.

Sin embargo, Kang Yong Ho terminó entregándole la división a Comercial, dirigida por Jae-sung, el gemelo mayor.

Otra vez ella hacía parte del trabajo.

Otra vez su hermano recibía el premio.

Ahí entendemos que su rabia no nació en la actual pelea por la presidencia. Lleva años creciendo.

Jae-kyung no odia a su padre solo porque no la eligió como sucesora.

Lo odia porque pasó la vida sintiendo que, sin importar cuánto demostrara, cuánto trabajara o cuán preparada estuviera, Kang siempre terminaba dándole algo más al hijo mayor.

Eso explica su resentimiento.

No justifica lo que hizo.

Puede sentirse desplazada y aun así seguir siendo responsable de manipular, incriminar, destruir, intentar matar a su padre y poner a toda una empresa en riesgo para cobrar una deuda emocional.

Entender la herida no significa convertirla en permiso.

La historia del arpa

Uno de los momentos más importantes de estos episodios ocurre cuando Jae-kyung le cuenta todo esto a Hwang Jun-hyeon.

O, mejor dicho, cuando se lo cuenta a su padre sin saber que lo tiene delante.

Le habla de la División de Hidrógeno.

De su hermano.

De todo lo que sintió que Kang le entregaba a él.

Y luego recuerda una escena de su infancia.

Su padre había comprado un arpa para su hermano. Jae-kyung, llena de rabia, cortó las cuerdas.

Kang la vio.

Ella esperaba el castigo.

Pero él hizo la vista gorda y se marchó.

Una niña interpretó ese silencio como una lección:

No importaba lo que tuviera que hacer.

Solo necesitaba ganarle a su hermano.

Kang probablemente creyó que estaba evitando intervenir en una pelea infantil o que sus hijos debían resolver sus conflictos solos.

Pero su silencio también la educó.

Jae-kyung aprendió que la crueldad no tendría consecuencias mientras la acercara a la victoria.

Y esa idea creció con ella.

Por eso la escena es tan devastadora.

Kang escucha a su hija describir cómo se convirtió en la persona que es y entiende, por primera vez, que la destrucción de Choiseong no comenzó con los fondos ilícitos, las adquisiciones ni la pelea por la sucesión.

Comenzó en su propia casa.

Él convirtió a sus hijos en competidores.

Les enseñó que el amor y la aprobación se ganaban derrotando al otro.

Puso la empresa por encima de la familia.

Y después se sorprendió cuando sus hijos empezaron a tratar incluso a las personas como piezas empresariales.

Kang pasó años preguntándose cuál de sus hijos merecía heredar Choiseong.

En el episodio 8 entiende que el verdadero problema no era escoger al heredero correcto.

Era aceptar que él mismo había convertido a sus hijos en enemigos.

Jo Seon-hee también empieza a mover sus piezas

La esposa de Kang ya entendió que la amenaza más peligrosa no es Jae-sung.

Es Jae-kyung.

Por eso visita al hijo gemelo en prisión.

Jae-sung sigue siendo manipulable, torpe y responsable de muchas cosas, pero también es alguien que puede separarse de su hermana, de su esposa y de Taeha si finalmente comprende que todos lo estaban utilizando.

Jo Seon-hee parece intentar atraerlo hacia su lado.

No necesariamente porque crea que ahora es bueno.

Sino porque sabe que la guerra cambió y necesita quitarle piezas a Jae-kyung.

Puede ser también la primera vez que alguien se acerca a Jae-sung sin pedirle que derrote a su hermana, consiga la presidencia o sirva como puente hacia Choiseong.

La familia empieza a reorganizarse.

Y, francamente, ya hace falta una pizarra con flechas (y como buen drama, la tuvimos!)

La abuela y la pregunta que el drama había dejado esperando

La abuela de Hwang Jun-hyeon también empieza a parecer mucho más consciente de lo que creíamos.

Recuerda a su nieto.

Cocina.

Da consejos bastante sensatos.

Y percibe más de lo que Kang supone.

Entonces llega esa escena.

La vemos durmiendo en su casa.

Escucha a Jun-hyeon llamándola con cariño.

Levanta la mirada y él está ahí, en una especie de sueño o encuentro extraño.

Después se aleja.

No quiero cerrar todavía qué significa la escena porque el drama la presenta con suficiente ambigüedad como para dejarnos incómodas.

Pero sí vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que Reborn Rookie lleva postergando desde el comienzo:

¿Dónde ha estado realmente Hwang Jun-hyeon?

Kang recibió una segunda oportunidad dentro de su cuerpo.

Pero ese cuerpo ya tenía una vida.

Tenía una carrera.

Tenía una abuela.

Tenía un futuro.

La segunda oportunidad de Kang no puede considerarse completamente justa mientras no sepamos qué ocurrió con la persona cuya vida está utilizando para conseguirla.

La confusión de Bang-geul ya cumplió su función

Bang-geul sigue interpretando algunas atenciones de Hwang Jun-hyeon desde un lugar que puede parecer romántico.

Desde su perspectiva, se entiende.

Ella no sabe que dentro de ese cuerpo está su padre.

Ve a un hombre joven, atractivo, inteligente, protector y capaz de enfrentarse a todo el mundo por ella. Ya lo dije antes: imposible juzgarla!

Pero tranquiliza que Kang nunca la mira como mujer.

La mira como hija.

Ahí no hay romance entre ambos.

Hay una confusión unilateral que el drama utiliza para jugar con los códigos habituales de una romcom: hombre rico, competente y protector; mujer que empieza a sentirse especial por sus atenciones.

El problema es que ya llevamos ocho episodios y creo que la idea ya cumplió su función.

Ahora necesita resolverse antes de dejar de ser una broma incómoda y convertirse en un obstáculo para la relación que realmente importa: la de una hija que necesita saber que su padre estuvo a su lado mientras ella intentaba entender por qué la había dejado sola.

Y entonces un anuncio

El final del episodio 8 cambia todo.

Desoues de la escena de Jun-hyeon con su abuela, se ve a Jae-kyung visitando la clínica donde permanece el cuerpo de su padre.

Poco después, Kang recibe una llamada desde la UCI y se desploma.

Jae-sung busca a su hermana y la enfrenta:

“¿Cómo pudiste matar a nuestro padre con tus propias manos?”

Y luego llega la noticia.

Kang Yong Ho, presidente de Choiseong, murió a los 72 años.

El golpe no afecta únicamente al cuerpo que estaba en coma.

Desarma toda la estrategia.

Lee Sang-jae pierde el respaldo del presidente al que representaba.

Bang-geul pierde la posibilidad inmediata de reconciliarse públicamente con su padre.

El equipo de planificación queda expuesto.

Jae-kyung queda mucho más cerca del control de Choiseong.

Y Kang, dentro del cuerpo de Hwang Jun-hyeon, se convierte oficialmente en un joven sin autoridad intentando demostrar una verdad que nadie tendría por qué creer.

Lo más cruel es el momento en que ocurre.

Kang acaba de comprender que él mismo ayudó a crear a los hijos que están destruyendo su empresa.

Finalmente reconoce su responsabilidad.

Y segundos después pierde su identidad legal, su poder y cualquier posibilidad de reparar el daño desde su propio lugar.

El episodio 8 no termina solamente con la muerte de Kang Yong Ho.

Termina con un padre comprendiendo demasiado tarde lo que hizo y perdiendo, en ese mismo momento, la posibilidad de corregirlo como Kang Yong Ho.

¿Sigo a bordo?

Súper si!

Y bastante angustiada, gracias por preguntar.

Los episodios 7 y 8 fueron más duros que los anteriores porque cambiaron la distribución del poder.

Los buenos ya no están moviendo los hilos con comodidad.

Jae-kyung consiguió cerrarles varias salidas, dividirlos y utilizar sus propias fortalezas en su contra.

También dejó de ser simplemente la hija malvada que quiere una empresa. Ahora entendemos de dónde viene su resentimiento, qué aprendió de su padre y por qué está dispuesta a destruir aquello que siente que nunca la reconoció.

Eso la hace mejor personaje.

No mejor persona.

Jae-sung también ganó algo de profundidad. Sigue siendo culpable, pero ahora vemos al hombre que pasó la vida intentando ganarle a su hermana porque creyó que esa era la única forma de conseguir que su padre lo mirara.

Y Kang finalmente empieza a entender que la empresa no llegó al borde de la destrucción solamente por culpa de sus hijos.

Él construyó la competencia.

Él toleró la crueldad.

Él repartió premios y silencios.

Él puso a Choiseong por encima de su familia.

Ahora tiene que salvar una empresa de las reglas que él mismo enseñó.

Solo que existe un pequeño problema.

Parece que para el resto del mundo, Kang Yong Ho ya está muerto.

Y yo necesito el episodio 9 inmediatamente.