
포핸즈 · Four Hands; Pohaenjeu(2026)
También conocido por: Four Hands
Kang Bi-oh lleva toda la vida haciendo exactamente lo que se espera de un prodigio: obtener las mejores notas, practicar hasta que las manos respondan sin equivocarse y ocupar un primer lugar que ya parece tener su nombre grabado. Entonces aparece Choi Jeong-yo. Otro genio del piano, pero criado en un mundo mucho menos amable, que pasó años fingiendo que su talento no existía. Su llegada a la escuela de artes no solo amenaza el lugar de Bi-oh frente al teclado: también lo obliga a descubrir qué ocurre cuando la persona capaz de desafiarte es, al mismo tiempo, la única que parece entender realmente tu música. Entre competencias, presión, amistad, romance y muchas emociones reprimidas con acompañamiento de piano, ambos crecerán desde los salones de práctica hasta los grandes escenarios. Porque tocar a cuatro manos exige algo bastante más complicado que talento: aprender a escuchar al otro.
Song Kang y Lee Jun-young como dos pianistas prodigio, rivales, amigos y probablemente emocionalmente complicados mientras comparten un piano. Honestamente, no necesitaban seguir explicándome. Estoy anotadísima. La premisa tiene varios elementos que me gustan: música clásica, competencia entre personas realmente talentosas, una amistad que parece ser el centro emocional de la historia y un recorrido que no se quedará únicamente en la etapa escolar, sino que los seguirá hasta la adultez. Eso puede darle bastante más peso que el típico drama juvenil de “todos somos genios y también demasiado bonitos para tener 17 años”. Además, Lee Jun-young viene demostrando que puede sostener personajes con humor, dolor y contradicciones sin hacer demasiado ruido, y Song Kang regresa con un papel que parece hecho para explotar esa imagen elegante, contenida y ligeramente inalcanzable que tan bien le funciona. Mi única reserva está en cómo se involucra el tema romántico. Quisiera que la historia entienda que el vínculo entre estos dos pianistas, la rivalidad o amistad que desarrollen, parece ser su verdadero corazón, y no lo reduzca a una rivalidad superficial con otro triángulo amoroso. Si respetan esa amistad, desarrollan bien la música y no convierten el talento en una colección de miradas intensas frente al teclado, aquí puede haber algo muy bueno. Pero siendo completamente sincera: aunque solo fueran Song Kang y Lee Jun-young practicando escalas durante doce episodios, probablemente igual lo vería.
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