Mi veredicto en una mirada

10/10
Verdict rating

10/10

Verdict rating

★★★★★★★★★★

Fue mi drama favorito de 2023 y, casi tres años después, ese 10/10 sigue completamente intacto en mi cabeza y en mi corazón.

Llegué por Ryeoun, me quedé por Yi-chan y, sin darme cuenta, terminé enamorada de una historia que, entre música, nostalgia y viajes en el tiempo, construye un retrato profundamente humano de los lazos entre padres e hijos. Es de esas series que no solo entretienen, sino que te dejan pensando mucho después de que termina el episodio.

Tiene fallas, sí, detalles que podrían haberse pulido o decisiones narrativas discutibles. Pero ninguna de ellas logró restarle un solo punto a la experiencia general. Porque lo que transmite, lo que te hace sentir y cómo te acompaña emocionalmente pesa mucho más que cualquier imperfección.

✓ Lo verías si…

  • Te gustan las historias familiares donde padres e hijos aprenden a mirarse más allá de sus roles.

  • Disfrutas los viajes en el tiempo con más corazón que reglas científicamente impecables.

  • Quieres personajes entrañables, dos romances bonitos, una banda divertidísima y un OST maravilloso.

✗ Lo saltarías si…

  • Necesitas que cada regla del viaje temporal quede perfectamente explicada y sin cabos sueltos.

  • Buscas un romance como centro absoluto, porque aquí la relación padre-hijo se lleva el protagonismo.

  • No conectas con las historias juveniles, la comedia física o los personajes tan efusivos como Yi-chan.

Mi mirada

En noviembre de 2023 terminé Twinkling Watermelon, lo declaré mi drama favorito del año y le di un 10/10. Casi tres años después puedo haber olvidado alguna regla del viaje temporal, pero todavía recuerdo escenas completas, canciones, personajes y, especialmente, cómo me hizo sentir.

Así que hoy vengo a explicar por qué, para mi, sigue siendo un 10.

La empecé principalmente por Ryeoun. También quería volver a ver a Choi Hyun-wook, a quien conocía por Twenty-Five Twenty-One, y a Seol In-ah después de lo mucho que me gustó como segunda protagonista en Business Proposal. Entré por un elenco que me caía bien y con expectativas bastante moderadas, porque imaginaba que sería una fantasía romántica juvenil, simpática y ligera.

Error.

Desde sus primeros episodios me enganchó, pero fue aproximadamente entre el tercero y el cuarto cuando entendí que el viaje en el tiempo y el romance eran apenas la puerta de entrada. La verdadera historia era la de un hijo conociendo a su padre cuando ambos tenían la misma edad.

Y ahí cambió todo.

Porque una cosa es conocer la versión adulta de nuestros padres, con sus decisiones tomadas, sus frustraciones acumuladas y esa extraña habilidad parental de creer que saben perfectamente qué debemos hacer con nuestra vida. Otra muy distinta es encontrarlos cuando todavía eran jóvenes, inseguros, ridículos, enamoradizos y llenos de sueños que quizás nunca llegaron a contarnos.

Twinkling Watermelon hace ese encuentro posible y lo convierte en una historia tan divertida como conmovedora.

Si me dejaran la sinopsis a mí

Ha Eun-gyeol es un estudiante ejemplar, el único oyente dentro de una familia sorda y, desde pequeño, el encargado de conectar a sus padres y a su hermano con un mundo que no siempre está dispuesto a hacer el esfuerzo de comunicarse con ellos.

También tiene un secreto: ama la música y toca la guitarra en una banda sin que su familia lo sepa.

Cuando su padre descubre esa vida paralela, la discusión que llevaba años escondida finalmente explota. Eun-gyeol está cansado de sentir que debe ser el traductor, protector y orgullo permanente de su familia; su padre, en cambio, cree estar evitando que abandone un futuro seguro por un sueño que no entiende.

Después de la pelea, Eun-gyeol entra en una misteriosa tienda de instrumentos y sale en 1995. Allí se encuentra con algo bastante más inquietante que viajar casi treinta años al pasado: su padre tiene 18 años, escucha perfectamente, habla hasta por los codos, persigue a una chica que no es su futura esposa y quiere formar una banda aunque todavía no tenga banda, músicos ni demasiada noción de cómo lograrlo.

Eun-gyeol decide intervenir en la juventud de sus padres para proteger su futuro. El pequeño detalle es que el pasado no parece muy interesado en obedecerle.

La fantasía es la puerta, pero el padre y el hijo son la historia

El presente nos muestra a Eun-gyeol como un hijo amoroso, responsable y orgulloso de su familia. Pero también como un niño obligado a crecer demasiado rápido.

Desde que aprendió a hablar se convirtió en intérprete, mediador y defensor. Con el tiempo terminó convencido de que debía ser impecable para compensar la discriminación que recibían sus padres. Buen alumno, futuro profesional exitoso, hijo ejemplar: si él lograba ser suficientemente extraordinario, quizás nadie volvería a mirar a su familia con desprecio.

La música era el único lugar que sentía verdaderamente suyo.

Por eso el viaje no consiste únicamente en impedir un accidente de su padre o conseguir que sus padres se enamoren. Eun-gyeol debe descubrir que no es responsable del éxito, el fracaso o la felicidad de ellos. Puede amarlos, ayudarlos y acompañarlos, pero no cargar con todas sus vidas.

Esta fue la reflexión que más me quedó cuando lo vi en 2023 y sigue pareciéndome el corazón del drama: los hijos ayudan a sus padres a volver a brillar, pero los padres también liberan a sus hijos del peso de sentir que nacieron para salvar a su familia.

Eun-gyeol no viaja al pasado para convertir a sus padres en personas dignas de admiración. Viaja para descubrir que ya lo eran antes de que él existiera.

Empecé por Ryeoun, pero me quedé por Yi-chan

Ha Yi-chan, interpretado por Choi Hyun-wook, es el alma de Twinkling Watermelon.

Es ruidoso, impulsivo, dramático, divertido y capaz de comenzar una banda por razones cuestionables con una seguridad que ya quisiéramos para decisiones bastante más serias. Sin embargo, su comedia física nunca me resultó impuesta. Yi-chan no se comporta así porque el drama necesite fabricar un chiste: se comporta así porque vive con todo el cuerpo.

Es buen amigo, buen nieto y, poco a poco, aprende también a ser una buena pareja. Su alegría no nace de haber tenido una vida fácil, sino de su decisión casi obstinada de vivirla con entusiasmo.

Choi Hyun-wook consigue que toda esa energía no convierta al personaje en una caricatura. Debajo del muchacho que grita, corre, cae y se enamora con espectáculo incluido, hay alguien leal, sensible y capaz de crecer cuando comprende que otra persona necesita ser mirada de una manera diferente.

Yi-chan terminó siendo mi personaje favorito del drama y mi personaje favorito entre todos los que he visto de Choi Hyun-wook. Y Eun-gyeol también sigue siendo mi papel favorito de Ryeoun.

Juntos construyen una amistad divertidísima y profundamente emotiva. Eun-gyeol pasa la mitad del tiempo intentando criar al hombre que algún día será su padre, mientras Yi-chan lo adopta como amigo sin entender por qué ese muchacho extraño parece conocerlo, protegerlo y desesperarse por cada una de sus decisiones.

Ese bromance entre padre e hijo es el verdadero romance de la historia. Y no pienso discutirlo.

Cheong-ah y un amor que aprende otra lengua

Yoon Cheong-ah, interpretada por Shin Eun-soo, nació sorda, pero su verdadero aislamiento no proviene de la sordera. Proviene de una familia que le negó herramientas para comunicarse, de una adulta que convirtió la educación en abuso y de un padre que confundió proveer económicamente con estar presente.

Cheong-ah necesita ayuda para salir de esa situación, sí, pero aceptar el apoyo de otros no elimina su autonomía. Al contrario: cuando descubre que hay personas dispuestas a creerle, protegerla y comunicarse con ella, comienza a defenderse, a aprender lengua de señas y a elegir su propio camino.

Su romance con Yi-chan es mi favorito porque no se construye desde la lástima. Él comete errores, dice cosas que la hieren y tarda bastante en comprender sus sentimientos —porque muy chispeante, pero la velocidad emocional no venía incluida—. Sin embargo, cuando entiende que quiere formar parte de su mundo, hace el esfuerzo real de aprender su lengua.

Ese esfuerzo nos regala mi escena favorita del drama.

En el episodio 13, Yi-chan interpreta Magic Castle en lengua de señas para confesarle sus sentimientos. Olvida parte de las señas, Cheong-ah lo ayuda y después admite que también está enamorada de él. La reacción de Yi-chan, cayendo hacia atrás porque la felicidad le quedó demasiado grande para procesarla de pie, es perfecta.

Ver la confesión de Yi-chan a Cheong-ah con Magic Castle

El enlace contiene spoilers de la relación, pero si ya viste el drama, anda tranquila. Yo podría volver a esa escena una cantidad poco razonable de veces.

La banda y una juventud que se siente viva

Watermelon Sugar no es solamente el fondo musical de la historia. Es el lugar donde estos personajes pueden ser jóvenes sin cargar, por un rato, con lo que sus familias o el futuro esperan de ellos.

La banda es caótica, divertida y entrañable. Algunos tienen más desarrollo que otros, pero juntos consiguen esa química que convierte a un grupo de personajes secundarios en un verdadero squad.

La música les permite comunicarse antes de saber poner en palabras lo que sienten. Une el mundo sonoro de Eun-gyeol con el mundo silencioso de su familia y funciona como una tercera lengua: una que no necesita elegir entre escuchar y no escuchar para existir.

¿Qué significa Twinkling Watermelon?

El título parece extraño hasta que entendemos sus referencias.

La guionista Jin Soo-wan explicó que se inspiró en la pintura Viva La Vida de Frida Kahlo y en la canción del mismo nombre de Coldplay. También relacionó el movimiento de las manos utilizado para aplaudir en lengua de señas con la imagen y la seña de una sandía: el título funciona como un aplauso silencioso para la juventud. Puedes leer aquí la explicación de la guionista.

Viva la vida no significa que el dolor sea bonito ni que debamos agradecer cada tragedia con sonrisa de protagonista resiliente. Significa que una vida puede contener dolor sin quedar definida únicamente por él.

Eso representa Cheong-ah. También Yi-chan. Eun-yu. Eun-gyeol. Todos son jóvenes tratando de descubrir quiénes son debajo de las expectativas, las heridas y las decisiones de sus familias.

El drama no les promete una vida sin adversidades. Les recuerda que todavía tienen derecho a hacerla suya.

Hasta aquí puedes leer sin grandes spoilers

Si todavía no viste Twinkling Watermelon y llegaste buscando una respuesta rápida, aquí está: sí, lo recomiendo. Es divertido, cálido, emotivo, tiene personajes maravillosos y sabe hablar de temas importantes sin convertirse en una procesión de sufrimiento.

Desde aquí comento algunos elementos del final.

Los dos viajeros y el peso de las historias heredadas

Eun-gyeol no es el único que viaja a 1995.

On Eun-yu llega al pasado con una intención mucho más dolorosa: impedir la relación de sus padres para no llegar a nacer. Heavy.

Ha crecido presionada por una madre que proyectó sobre ella su carrera, sus frustraciones y su necesidad de perfección. Eun-yu no quiere cambiar su vida; inicialmente quiere borrarla.

Ella y Eun-gyeol son dos respuestas diferentes al peso familiar. Él quiere salvar a sus padres y conservar a su familia. Ella quiere impedir que la suya exista.

Ambos terminan descubriendo que sus padres fueron jóvenes sometidos a sus propias expectativas y que comprenderlos no significa justificar todo lo que hicieron después. Esa distinción me parece muy importante: la empatía puede explicar una herida sin obligarnos a negar el daño que produjo.

El viaje les permite mirar a sus padres como personas, pero también empezar a vivir algo que les perteneciera a ellos.

“Ahora es mi turno de ser increíble”.

Ahí está toda la historia.

Lo que hoy puedo cuestionarle sin bajarle el 10

Las reglas del viaje temporal no son especialmente rigurosas. La tienda, el Maestro, los teléfonos y las dos lunas funcionan mejor como recursos emocionales que como un sistema fantástico perfectamente explicado.

Si entras esperando la precisión de un rompecabezas temporal, probablemente encontrarás costuras. Yo estaba demasiado ocupada queriendo a estos personajes como para exigirles una presentación en PowerPoint sobre la paradoja que estaban creando.

El final también corre. Eun-gyeol vuelve a un presente profundamente modificado, descubre que su familia vive con comodidad económica y que Cheong-ah pudo mantener la relación con su padre, conservar su lugar dentro de la familia y construir una fundación vinculada a las personas con discapacidad.

A mí me gustó verlos bien. El problema no es que ahora tengan dinero, como si la precariedad fuera requisito indispensable para conservar el amor familiar. Lo abrupto es que Eun-gyeol llega a una historia que también es suya, pero no recuerda el proceso mediante el cual llegaron hasta allí.

Con Eun-yu ocurre algo parecido. Sabemos que regresó, pero el drama dedica muy poco tiempo a mostrarnos su nueva vida, la relación con su madre y todo lo que pudo cambiar después de 1995. El reencuentro romántico funciona; el desarrollo previo quedó debiéndonos unas cuantas escenas.

También existe una contradicción interesante en la sordera de Yi-chan. Eun-gyeol consigue cambiar muchas circunstancias, pero no logra evitar que su padre pierda la audición. El guion no explica claramente por qué ciertos hechos parecen modificables y otros inevitables.

Sin embargo, el resultado final tiene algo valioso: la felicidad de Yi-chan no depende de que el viaje lo “cure”. Continúa amando, trabajando, haciendo música y construyendo una vida completa. La sordera permanece; lo que cambia es que ya no debe vivirla desde el aislamiento y la falta de apoyo.

¿La representación puede cuestionarse? Sí. Durante varios episodios, la historia utiliza la posibilidad de la sordera como tragedia que debe evitarse. Pero su conclusión también se niega a presentar la audición como única condición posible para un final feliz.

Lo mencionaría con cuidado porque ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.

Un OST que todavía sigue conmigo

La música de Twinkling Watermelon merece su propio espacio porque no fue un accesorio bonito. Fue parte de la experiencia y terminó completa entre mis favoritas.

Mi canción principal es Tomorrow, de RP. Han pasado casi tres años y sigue siendo una de mis canciones favoritas entre todos los dramas que he visto.

También te recomiendo:

Por favor, no veas este drama con el dedo listo para saltarte las canciones. Aquí la música también está contando la historia.

Veredicto final

Twinkling Watermelon no es un 10 porque todas sus reglas encajen, porque cada personaje reciba un cierre perfecto o porque el último episodio responda cada pregunta.

Es un 10 porque ninguna de esas imperfecciones consiguió restarle algo a mi experiencia.

Me hizo reír, llorar, querer a sus personajes y mirar de otra manera la responsabilidad que a veces sentimos por las vidas de nuestros padres. Me recordó que ellos también tuvieron una juventud que desconocemos y que comprender su historia no significa cargar con ella para siempre.

Me dio una de mis relaciones favoritas entre padre e hijo, una pareja preciosa, una banda inolvidable y un OST que todavía escucho.

En 2023 dije que lo repetiría con gusto, aun cuando casi nunca repito dramas. Hoy mantengo cada palabra.

Mi drama favorito de 2023.

Para mí, un 10/10.

¡Viva la vida! 🍉✨

«¡VIVA LA VIDA! 🍉✨»

— Twinkling Watermellow