Hay dramas que llegan con todo el aparato de expectativas encima y terminan siendo exactamente lo que prometían, para bien o para mal. Y después está The WONDERfools, que llega con un nombre que ya te avisa: aquí hay fools. Aquí hay caos. Y si entraste esperando otra cosa, ese es tu problema, no el de la serie.

La vi en dos sentadas — tres episodios el viernes, cinco el sábado. Y no me arrepiento de ninguno.

Qué es esto, exactamente

Estamos en 1999. Corea está atrapada entre el trauma económico del FMI y el pánico colectivo del Y2K — la idea de que cuando llegue el año 2000, los sistemas colapsan y el mundo se acaba. En ese contexto de histeria de fin de milenio tenemos a Eun Chae-ni: 27 años, una cardiopatía congénita que la tiene con un pie adentro y otro afuera, y un plan tan desesperado como delirante para sacarle dinero a su abuela antes de morirse.

El -imperfecto- plan sale mal. Ella muere. Sus dos cómplices van a tirar su cuerpo al basurero ("Ella no quisiera que nos atraparan en un plan que ella misma ideó"). Y los tres tres: dos vivos y una muerta, terminan contaminados por los residuos químicos de un laboratorio clandestino con superpoderes que no pidieron, no entienden y no saben controlar.

A eso se suma un funcionario público de Seúl que resulta ser también parte de este experimento — el único que tiene la cabeza en su lugar — y una ciudad donde está creciendo una iglesia siniestra liderada por alguien que tiene sus propios planes con estos poderes.

Eso es The WONDERfools. Comedia de superhéroes, caos noventero, ensemble de perdedores funcionales y, sí, algo de oscuridad debajo del ruido.

Antes de hablar de la serie, hay que hablar de ella

Seré honesta: la razón principal por la que puse play fue Park Eun-bin.

No es que sea fan ciega — es que a estas alturas tengo suficiente historial con su trabajo para saber que cuando ella firma algo, hay altas probabilidades de que valga el tiempo. Y ese historial es amplio y, lo más importante, es variado de una manera que muy pocas actrices coreanas pueden decir.

La primera vez que la vi fue en Do You Like Brahms? — un drama de amor melancólico, contenido, donde ella construía emoción desde la sutileza. Después vino The King’s Affection, donde interpretó a una mujer disfrazada de príncipe heredero durante toda la serie: autoridad, dualidad, presencia física. Un reto completamente distinto. Después, el fenómeno que todos conocemos: Extraordinary Attorney Woo, donde convenció al mundo entero de que era Woo Young-woo. No actuó a una persona autista — la fue, episodio a episodio, sin un solo gesto que sonara a esfuerzo.

Luego vino Castaway Diva, más luminosa, más musical, con una herida de fondo. Y después hizo algo que tal vez nadie esperaba de ella: Hyper Knife, en Disney+, su primer rol antagónico. La Dra. Jung Se-ok es una neurocirujana brillante, caída en desgracia, que opera ilegalmente en las sombras y se mete en un juego de poder y venganza con su ex mentor. Oscura. Calculadora. Moralmente ambigua. Una actuación que le ganó el premio a Mejor Actriz Protagonista ese año, y que dejó muy claro que el encanto de Woo Young-woo no era un techo — era un piso.

Y entonces llega The WONDERfools, y Park Eun-bin hace exactamente lo opuesto a todo eso. Comedia física. Ruido. Caos corporal. Gestos imposibles. Gritos. Expresiones que parecen sacadas de una caricatura. Y también lo logra.

Eso no es versatilidad como buzzword. Eso es otra categoría de actriz.

El caos, la dinámica y el cable a tierra

Los cuatro protagonistas están repartidos en dos frecuencias completamente distintas.

Por un lado, Chae-ni y sus dos cómplices — Son Gyeong-hun y Kang Ro-bin — que funcionan como un ensemble caótico donde nadie se entiende, todos hablan al mismo tiempo, y las peleas empiezan sin que nadie sepa muy bien por qué. Sí, es físico, es exagerado, es casi de caricatura. Pero hay algo que quiero aclarar, porque es importante: a mí el humor goofy normalmente me saca de la historia.

Cuando en una comedia romántica ponen al protagonista a correr detrás de una gallina, o a hacer bailes que no vienen a cuento, o a actuar como un niño malcriado con voz chillona — me pierden. No lo siento natural. No entiendo qué tiene que ver con la historia. Se siente forzado y un poco condescendiente.

Aquí es diferente, y la diferencia es esta: la serie se llama The WONDERfools. El contrato está firmado desde el título. No puedes entrar esperando sobriedad y después quejarte de que hay caos — el caos es el producto. Y dentro de ese contrato, el humor funciona porque tiene lógica interna, porque los personajes tienen razones para ser como son, y porque Park Eun-bin tiene el oficio suficiente para que incluso sus momentos más físicos se sientan habitados, no actuados.

Por otro lado está Lee Woon-jung, el personaje de Cha Eun-woo: funcionario público de Seúl, contenido, ordenado, el único que toma decisiones con la cabeza. El cable a tierra. El que orienta, explica y mantiene unido al grupo mientras los demás están en llamas.

Cha Eun-woo siempre ha tenido fama de plano — y en parte es justa. Muchos de sus roles son apaciguados, silenciosos, con traumas fuertes que se comunican más en miradas que en explosiones. Aquí pasa algo parecido, pero esta vez el rol lo pide. No es una limitación disfrazada — es una elección de casting que funciona. La contención de él hace que el caos de los demás resalte más. Es el silencio que hace audible el ruido.

¿Quisiera verlo en un personaje que sea el alma de la fiesta, un pillo, alguien que te sorprenda? Sí. Mucho. Porque hasta ahora no lo hemos visto mucho en ese registro, y me da curiosidad. Pero para lo que esta serie necesitaba, hizo bien su trabajo.

(Una nota breve, porque sería raro no mencionarla: el estreno llegó en medio de la controversia fiscal de Cha Eun-woo, que tuvo que liquidar una deuda millonaria en impuestos. El director tuvo que salir a aclarar públicamente que sus escenas no se recortaron. Dicho esto: lo que está en pantalla es lo que está en pantalla, y lo que está en pantalla funciona para esta historia.)

Y sobre los otros dos actores — Choi Dae-hoon e Im Seong-jae — aportan variedad, y tienen sus momentos. Pero si la serie los necesita para existir es discutible. Lo que sí aportan, narrativamente, es el abanico de poderes: uno con fuerza extrema activada por el dolor emocional, otro que se queda literalmente pegado a las cosas cuando miente. Lo cual, si le das un doble clic, es bastante interesante.

Los poderes no son aleatorios. Son espejos psicológicos. Chae-ni se teletransporta — impulsada por su deseo reprimido toda la vida de salir, escapar, ir a algún lugar. Ro-bin tiene fuerza sobrehumana que se activa cuando lo hieren — y ha sido herido toda su vida. Gyeong-hun se pega cuando miente — y ha construido toda su vida sobre pequeñas mentiras. Si quieres ver The WONDERfools como comedia ligera de fin de semana, funciona. Si le das una capa más de lectura, también funciona. Eso es buen diseño narrativo.

⚠️ A partir de aquí: SPOILERS. Si no terminaste la serie, ya sabes.

Lo que no termina de cuajar

Aquí está la ceja levantada.

Algo que noté y que va en la dirección contraria a la mayoría de las reseñas que leí: los críticos especializados dijeron que los primeros episodios eran lentos. A mí me pasó lo opuesto. Los primeros episodios me divirtieron mucho, estaba enganchada, me reía. El bajón lo sentí en los episodios cinco, seis y siete, cuando la trama de la iglesia y el villano se quedó dando vueltas en el mismo punto. La sensación de que no pasaba nada nuevo. De que estábamos estancados.

Puede ser una cuestión de expectativas de entrada — yo llegué lista para el caos y lo disfruté desde el inicio. Pero cuando la historia tuvo que empezar a atar cabos y escalar la tensión del villano, ahí fue donde sentí que el ritmo bajo.

Y el villano es, precisamente, mi principal objeción.

Ha Won-do lidera la Iglesia de la Salvación Eterna — una fachada religiosa que usa el miedo al Y2K para crecer, captar fieles y, sobre todo, para continuar sus experimentos. Los que lo llaman “padre” no son sus hijos biológicos: son personas que raptó cuando eran niños, a las que usó como sujetos de experimentación con los químicos que había desarrollado. Eso está, y es oscuro de una manera que le da peso real a la historia.

El problema no es el concepto del villano. Es que sus motivaciones nunca me quedaron del todo claras. ¿Qué quería exactamente? ¿Experimentar por pura ambición científica? ¿Vender una fórmula de longevidad al viejo multimillonario que aparece buscando inmortalidad? ¿Las dos cosas? ¿Ni una ni otra? La serie no lo resolvió con suficiente nitidez. Y tampoco quedó claro el origen del proyecto — de dónde salieron esos químicos, qué los hizo posibles, quién los financió originalmente además de la abuela de Chae-ni, cuyo rol en todo esto también se quedó a medio explicar.

No arruina la serie porque la serie no se propone ser un thriller de motivaciones complejas. Pero para quienes entran esperando que la parte oscura esté tan bien trabajada como la parte cómica, ahí hay un desequilibrio.

El sutil romance entre Chae-ni y Woon-jung aparece, funciona en química visual, y luego… existe. No molesta, pero tampoco convence del todo. Si no lo hubieran metido, quizás tampoco hubiera hecho falta. Es la subrama que más parece estar ahí porque el género lo pedía que porque la historia lo necesitaba.

Y al final del último episodio hay algo — un detalle, una puerta que no se cierra del todo — que apunta a que esto podría tener continuación. No está anunciada la segunda temporada, pero tampoco está descartada. Queda en observación.

¿Lo Ves o lo saltas?

✓ Lo verías si…

  • Necesitas algo ligero de fin de semana sin compromiso de pensamiento profundo

  • Amas a Park Eun-bin y quieres verla en un registro completamente distinto a todo lo que ha hecho antes

  • Te gustan los ensembles de perdedores que terminan siendo equipo

  • La nostalgia noventera — la ropa, los teléfonos, los posters, el pánico Y2K como telón de fondo — te genera algo

  • Ocho episodios cerrados, sin dejar demasiado sin resolver, te parece un formato ideal

✗ Lo saltarías si…

  • El humor físico, exagerado y casi caricaturesco te saca de las historias

  • Buscas un romance central que sea el motor emocional de la serie

  • Necesitas que el villano tenga motivaciones claras y un arco bien cerrado

  • Esperas efectos especiales de producción grande — los hay, pero son funcionales, no grandilocuentes

  • Entras buscando densidad narrativa o drama emocional intenso

7/10
Verdict rating

The WONDERfools sabe exactamente lo que es. No intenta ser más, no se disculpa por ser lo que es, y eso ya es un mérito que muchos dramas no tienen.

Es caótica, es ruidosa, tiene un villano que se queda a mitad de explicación y un romance que nadie pidió urgente. Pero también tiene una Park Eun-bin que demuestra, una vez más y en una dirección que nadie esperaba, que su registro no tiene techo visible. Tiene superpoderes que si los piensas un segundo te dicen algo real sobre las personas que los cargan. Y tiene ocho episodios que se pasan sin sentir, y si buscas algo corto, es un argumento a favor.

No venimos a cumplir condenas. Y esta no es una condena — es una tarde de sábado bien gastada.

Ficha técnica

Título: The WONDERfools

Estreno: 15 de mayo de 2026 (disponible completa)

Año: 2026

Director: Yoo In-sik (Tambien de Extraordinary Attorney Woo)

Reparto: Park Eun-bin, Cha Eun-woo, Choi Dae-hoon, Im Seong-jae

Duración: 8 (60–71 min cada uno)

Género: comedia / acción / ciencia ficción / período

Plataforma: Netflix