Entré esperando gánsteres, corrupción, tensión y un Ji Sung nuevamente metido en una historia pesada. Cuatro episodios después, estoy viendo una campaña de condominio protagonizada por una familia falsa, un exmafioso intentando parecer vecino ejemplar y un villano desquiciado que puede dar risa sin dejar de dar bastante mala espina.
Y sí: ya estoy adentro.
Mi mirada
El primer episodio de The Apartment Job no me atrapó inmediatamente.
La historia comenzaba con una corporación que servía como fachada para un casino clandestino, policías corruptos, extorsión y un protagonista vinculado al crimen. Todo me hacía pensar que estaba entrando a un thriller criminal bastante más denso.
Sabía que el drama estaba clasificado como comedia negra, pero esperaba algo parecido a esas historias oscuras donde aparecen uno o dos personajes graciosos para permitirnos respirar entre amenaza y amenaza.
No fue eso lo que encontré.
The Apartment Job no es, por ahora, un thriller criminal con algunos toques ligeros. Es directamente una comedia criminal.
No diría que el drama cambia de tono. Más bien fui yo la que necesitó recalibrar las expectativas para entender qué clase de historia estaba viendo.
Una vez lo hice, empecé a disfrutarla mucho más.
El segundo episodio me entretuvo bastante más que el primero, y para los episodios 3 y 4 ya tenía mucho más claro el juego del drama. Los personajes son exagerados, caricaturescos y tienen toda la intención de provocar risa, pero no se sienten como un grupo de completos atolondrados incapaces de funcionar.
Son ridículos cuando la situación lo pide, no permanentemente.
Y eso hace una diferencia.
La comedia me está funcionando porque no depende únicamente de chistes. También aparece en las expresiones, en las reacciones, en la incomodidad de esta gente intentando representar una familia y en la seriedad con la que ejecutan planes completamente disparatados.
La sesión de fotos familiares fue uno de esos momentos. Ver al fotógrafo acomodándolos porque ninguno sabía cómo tocar, abrazar o mirar a los otros como una familia real fue bastante tonto, sí, pero también me causó mucha gracia.
No estoy hablando de una comedia que me haya tenido a carcajada limpia durante todo el episodio. Pero sí de una que logra hacerme sonreír y reírme con naturalidad.
Ji Sung está serio, pero la comedia también pasa por él
Me sorprendió volver a encontrar a Ji Sung en un registro más ligero.
En los últimos años lo hemos visto en dramas como Connection, The Devil Judge, Doctor John o The Judge Returns, con personajes mucho más oscuros, intensos y cargados.
Aquí Park Hae-gang sigue siendo un hombre serio. Es un antiguo gánster, administra un casino clandestino y está intentando salvar a la persona que prácticamente lo crió. No es el personaje que entra a una escena a contar chistes.
La comedia nace muchas veces de sus reacciones.
De sus miradas frente a las tonterías de los demás. De la intensidad con la que enfrenta situaciones ridículas. De su esfuerzo por mantener algo de dignidad mientras participa en sesiones familiares, campañas electorales y actividades comunitarias para conquistar a los vecinos.
También me gusta que Hae-gang no esté presentado como el hombre más brillante del planeta.
Tiene experiencia, lealtad, fuerza y conocimiento del mundo criminal, pero no es Vincenzo Cassano entrando en una habitación con quince movimientos calculados por adelantado.
Hae-gang reconoce lo que no sabe y busca ayuda. Necesita a Ha-ri, necesita al equipo y necesita aprender a moverse en un ambiente completamente diferente al suyo.
Eso lo hace menos imponente, pero también más humano.
¿Es el nuevo Vincenzo?
Por ahí ya comenzaron las comparaciones con Vincenzo, y entiendo de dónde salen.
Tenemos un antihéroe relacionado con el crimen, funcionarios corruptos, personajes extravagantes, una comunidad particular y una mezcla entre amenaza y comedia.
Pero todavía me parece demasiado pronto para ponerlos en el mismo nivel.
Vincenzo tenía una combinación muy especial de humor, oscuridad, violencia, estrategia y construcción de personajes. Podía hacerte reír con una ridiculez y, unos minutos después, recordarte que su protagonista pertenecía a la mafia y no tenía miedo de ensuciarse las manos.
The Apartment Job comparte parte de esa energía, pero todavía debe demostrar hasta dónde piensa llevarla.
Por ahora, la comparación me sirve para explicar el tipo de mezcla que intenta construir. No para decir que ya consiguió el mismo resultado.
Vincenzo es Vincenzo. La junta de condominio todavía tiene que ganarse ese respeto.
Un romance que no necesita un encuentro fantástico
Después de cuatro episodios ya se empieza a notar que entre Hae-gang y Kang Ha-ri probablemente se desarrollará algo.
Pero me gusta que el drama no haya comenzado tratando de vendernos un gran flechazo ni un encuentro romántico fabricado para convencernos inmediatamente de que están destinados.
Lo que está apareciendo entre ellos nace de la complicidad.
Ha-ri no soporta fallar. Una vez acepta participar en el plan, se compromete con él aunque sea abogada, conozca perfectamente la ley y sepa que casi todo lo que están haciendo está del lado incorrecto de esa ley.
Ella lo ayuda porque no quiere que el proyecto fracase, pero también empieza a convertirse en la persona que cuestiona a Hae-gang, lo empuja a involucrarse y le recuerda que las decisiones que toma afectan a personas reales.
Él, por su parte, empieza a confiar en ella y a necesitar algo más que sus conocimientos legales.
Todavía no hay un gran romance. Hay apoyo, pequeñas incomodidades y una sociedad que comienza a sentirse cada vez menos contractual.
Y prefiero eso.
No todas las historias necesitan comenzar con cámara lenta, viento estratégicamente colocado y dos personas descubriendo en el primer episodio que probablemente fueron el primer amor del otro en otra vida.
Aquí la relación se está cocinando mientras intentan ganar una elección vecinal para después robarle el dinero a todo el edificio. El contexto no será muy sano, pero al menos la construcción está teniendo paciencia.
El verdadero acierto es el complejo residencial
Lo que más diferencia a The Apartment Job de otras comedias criminales es el lugar donde ocurre.
Hae-gang no está intentando infiltrarse en una gran corporación para destruir a un chaebol desde adentro. Su objetivo es convertirse en presidente de la asociación de residentes para acceder al fondo común del complejo de apartamentos.
En términos simples: quiere robarse el fondo de los gastos comunes.
Es cruel, porque ese dinero pertenece a las personas que viven allí y debería utilizarse para mantener y reparar el lugar. Pero también resulta muy gracioso convertir algo tan cotidiano como una junta de condominio en el centro de una operación criminal.
El edificio abre la puerta a conflictos vecinales, campañas electorales, reglamentos, protestas, reciclaje, entregas, rumores y todas esas pequeñas guerras que pueden aparecer cuando demasiadas personas comparten ascensores, estacionamientos y decisiones administrativas.
Es una buena forma de llevar la corrupción a un espacio reconocible.
El drama no necesita comenzar enfrentándose al conglomerado empresarial más poderoso del país. Puede mostrar cómo los abusos de poder también se esconden en administraciones pequeñas, fondos comunitarios y decisiones que afectan el día a día de personas comunes.
¿La empezaría ahora?
Sí, pero depende mucho de lo que estés buscando.
Si esperas un thriller oscuro de gánsteres, acción constante y tensión pesada, probablemente debes ajustar las expectativas. Hay crimen, corrupción y personajes peligrosos, pero el tono principal es ligero y cómico.
Si ya estás saturada de dramas densos y quieres algo con criminales, planes ilegales y un villano maluco, pero sin firmar otro contrato emocional con el sufrimiento, esta puede funcionar.
No es todavía el drama que corro a ver primero apenas aparece un episodio nuevo.
Pero tampoco quedó relegado al fondo de mi lista.
En un fin de semana en el que estoy siguiendo demasiadas series, The Apartment Job ya logró convertirse en una de mis primeras opciones. Después del episodio 4 sí quiero ver el 5.
Eso ya es bastante más de lo que sentía durante los primeros minutos del estreno.
A partir de aquí hay spoilers de los episodios 1 al 4
Park Hae-gang administra una empresa que en realidad funciona como pantalla para un casino clandestino. Cuando un poderoso policía corrupto le exige reunir una cantidad gigantesca de dinero y encierra a su mentor como garantía, Hae-gang necesita encontrar una solución con rapidez.
La oportunidad aparece en un enorme complejo residencial que acumula una fortuna en su fondo de mantenimiento.
El plan parece sencillo únicamente porque quienes lo diseñaron tienen una relación bastante flexible con la realidad: entrar al complejo, crear una familia falsa, ganar la presidencia de la asociación de residentes, acceder al fondo, robar el dinero y desaparecer.
En los primeros dos episodios se forma el equipo y se establece la falsa familia que permitirá la infiltración.
Kang Ha-ri aporta como "la esposa" del matrimonio, así como con conocimientos legales, mientras que los antiguos compañeros de Hae-gang asumen los diferentes papeles necesarios para convertirlos en una familia aparentemente respetable.
La familia no engaña demasiado cuando se la observa con atención, pero el entusiasmo ayuda. Y, por ahora, los residentes parecen tener problemas más importantes que analizar por qué estas personas se comportan como si acabaran de conocerse cinco minutos antes de la fotografía familiar.
La campaña y el conflicto de los repartidores
Los episodios 3 y 4 entran de lleno en la vida del complejo.
El conflicto con los repartidores se extiende un poco más de lo necesario, pero entiendo por qué la historia lo utiliza. Hae-gang no podía ayudar durante una tarde, recibir aplausos y después olvidarse del problema.
Necesitaba convertir esa ayuda en una campaña sostenida para ganar visibilidad, conseguir el apoyo de los residentes y presentarse como alguien capaz de resolver lo que la administración anterior había ignorado.
El conflicto permite mostrar cómo funcionará probablemente gran parte del drama: aparece un problema cotidiano, Hae-gang intenta aprovecharlo para acercarse a su objetivo y termina ayudando más de lo que originalmente pretendía.
Ahí comienza a aparecer el verdadero arco del protagonista.
Su intención es robar el dinero, salvar a su mentor y escapar. Pero para conseguirlo tendrá que conocer a las personas a las que piensa robarles y participar en sus problemas.
El plan criminal puede terminar siendo lo que lo obligue a desarrollar conciencia comunitaria. Muy incómodo para sus objetivos, pero bastante útil para la historia.
Ha-ri ya no está ayudando solo porque le pagaron
Ha-ri empieza a involucrarse cada vez más.
Ella busca las soluciones y defiende a Hae-gang cuando su pasado amenaza con destruir la campaña. También es quien lo empuja a no ignorar ciertas injusticias simplemente porque no estaban incluidas en el plan original.
Ha Yoon-kyung está manejando muy bien los distintos registros del personaje.
Puede ser seria, escandalosa, decidida, divertida y vulnerable sin que parezca que estamos viendo cinco personajes diferentes. Se le cree como una mujer que sabe que está cruzando límites legales, pero que también necesita llegar hasta el final porque no soporta abandonar algo a la mitad.
Y su defensa de Hae-gang ayuda a que la relación empiece a moverse.
No parece enamorada todavía, ni cerca, pero ya está demasiado comprometida con el éxito del hombre que técnicamente contrató sus servicios para ejecutar una estafa. Esa línea se les va a complicar bastante rápido.
Las reliquias: pasamos porque esto es una comedia
Para detener el proyecto rival, el grupo planta reliquias en el terreno de construcción y consigue que las autoridades paralicen las obras.
El plan funciona dentro del tono exagerado del drama, aunque debo admitir que las reliquias estaban colocadas con una discreción cercana a:
“Hola, soy una reliquia. Por favor, encuéntrame”.
Todo resultó demasiado evidente y las autoridades aceptaron el descubrimiento con una facilidad bastante conveniente.
Aquí el drama realmente nos dice: Hazte la loca y aplaude.
Y aplaudí.
No porque el plan fuera impecable, sino porque a estas alturas ya entiendo que The Apartment Job no está intentando construir el atraco más realista de la televisión. Su prioridad es mover la historia, provocar situaciones cómicas y permitir que Hae-gang avance hacia la presidencia.
Mientras no abuse demasiado de estas soluciones, puedo aceptar la licencia.
Objetivo cumplido antes de estirar la historia
Una de las cosas que más agradezco es que el drama no haya dedicado ocho episodios completos a conseguir el primer paso del plan.
Al terminar el episodio 4, Hae-gang ya es presidente.
La historia presentó el objetivo, construyó la familia falsa, resolvió los obstáculos iniciales, desarrolló la campaña y le entregó el cargo que necesitaba. Y en el camino nos mostró que el villano esta bien loquito.
Ahora vienen los conflictos realmente interesantes.
¿Será capaz de robar el fondo después de conocer a los residentes?
¿Ha-ri seguirá apoyándolo cuando llegue el momento de ejecutar el delito real?
¿Hae-gang utilizará la presidencia para ayudar a la comunidad o continuará concentrado únicamente en conseguir el dinero?
¿Y qué ocurrirá cuando el villano descubra hasta dónde piensa interferir en sus negocios?
El drama avanzó rápidamente porque al parecer la presidencia no es la historia completa. Es apenas la puerta de entrada.
Una familia falsa que empieza a funcionar
El grupo me está resultando agradable.
Los personajes secundarios tienen presencia, pero no están robándole constantemente el centro a los protagonistas. Participan en los planes, sostienen la comedia y le dan al equipo una energía familiar sin convertir cada escena en una competencia por ver quién hace la tontería más grande.
El personaje del hombre mayor me causa bastante gracia y el actor tiene una naturalidad especial para este tipo de comedia.
El niño, en cambio, a veces me desespera un poco.
Entiendo su función. Aporta ternura, completa la imagen familiar y provoca situaciones que obligan a los adultos a relacionarse de forma diferente. Pero también tiene momentos en los que me pone tan nerviosa como a Ha-ri.
Aun así, la familia falsa ya empieza a generar cariño.
La clave es que no están presentes solo para hacer ruido. Cada uno tiene una función dentro del grupo y ninguno ha desplazado todavía la historia principal.
El villano es gracioso, pero está completamente loco
Lee Chung-won es un villano caricaturesco, exagerado y extraño.
Puede causar gracia por su forma de hablar, sus expresiones y la poca seriedad con la que parece tomarse ciertas situaciones. Pero eso no significa que sea inofensivo.
Desde el principio se nota que es malo. No malo de “seguramente tiene un trauma infantil que explicará todo en el episodio 10”. Malo, malísimo y aparentemente bastante loco.
Su comportamiento puede ser divertido hasta que decide agredir brutalmente a alguien y nos recuerda que toda esa extravagancia está cubriendo a una persona capaz de hacer cosas muy feas.
Esa mezcla me interesa.
No es el villano solemne que pasa todo el drama sentado en una oficina oscura, mirando la ciudad mientras bebe whisky. Es un personaje impredecible, casi juguetón, que parece entender la violencia como una extensión natural de sus caprichos.
Ahora que Hae-gang afectó directamente sus intereses, la amenaza debería comenzar a sentirse mucho más cerca.
Después de cuatro episodios
The Apartment Job me sorprendió, pero fue una sorpresa agradable.
No era el drama que imaginaba y necesité tiempo para entrar en su tono. Pero una vez acepté que estaba viendo una comedia criminal y no un thriller denso, la historia comenzó a funcionar mucho mejor para mí.
La comedia está funcionando.
La dinámica del grupo es divertida.
Ha-ri y Hae-gang están construyendo una complicidad que puede convertirse en un romance interesante sin necesidad de apurarlo.
El concepto del complejo residencial tiene suficiente espacio para desarrollar conflictos cotidianos, crítica social y corrupción.
Y el drama ya completó el primer objetivo del plan sin perder media temporada dando vueltas alrededor de una elección.
Todavía tiene que demostrar que puede equilibrar el absurdo con una historia consistente. También tendrá que decidir cuánto peso dará al romance, a la transformación de Hae-gang y al mundo criminal que lo persigue.
Pero después de cuatro episodios ya no estoy preguntándome qué estoy viendo.
Ahora quiero saber hasta dónde piensa llegar.
Y, considerando la cantidad poco prudente de dramas que estoy siguiendo este fin de semana, que The Apartment Job ya se haya ganado uno de los primeros turnos significa que algo está haciendo bastante bien.




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