⚠️ Este artículo contiene spoilers de los episodios 5 y 6.

Hay dramas que se pasan diez episodios acercando a la pareja para luego darnos un beso, una relación breve, una separación obligatoria y una reconciliación final.

Doctor on the Edge no está jugando a eso.

Vamos por los episodios 5 y 6 de una historia de 12 capítulos y esta pareja ya pasó por casi todas las estaciones clásicas de Dramalandia.

Empezaron chocando, con un primer encuentro incómodo.

Después comenzaron a entenderse.

Se cuidaron. Se protegieron. Se enamoraron. Se besaron. Se hicieron novios.

Y ahora ya tenemos conflicto.

Todo esto a mitad de la serie.

Así que sí, aquí no estamos esperando al episodio 11 para que pase algo. El drama decidió mover la relación rápido y usar ese vínculo para poner a los personajes a prueba.

Por primera vez, ser un buen médico no alcanza para resolver el problema.

Dos parejas y dos formas muy distintas de quererse

A estas alturas ya tenemos dos parejas bastante definidas.

La primera es la del médico de medicina tradicional y la enfermera que parece encontrarle defectos a todo lo que hace.

Ellos funcionan desde la fricción, desde la discusión, y desde el desacuerdo constante.

Son de esos personajes que parecen incapaces de convivir cinco minutos sin discutir, pero tampoco parecen capaces de mantenerse alejados demasiado tiempo.

La atracción está ahí. Y ya dejó de ser un secreto.

Pero también da la impresión de que vienen de mundos muy distintos y que el verdadero desafío para ellos no será enamorarse. Será convivir.

Porque una cosa es la química. Y otra muy distinta es compartir la vida cotidiana.

La pareja protagonista funciona desde un lugar completamente diferente.

Ellos se cuidan.

Se protegen.

Se preocupan el uno por el otro.

Se buscan.

Se extrañan.

Y justamente por eso el conflicto que aparece al final me dolió más.

Porque no nace de un malentendido absurdo ni de un triángulo amoroso.

Nace de algo mucho más difícil.

El héroe que no quería ser héroe

Después de la emergencia médica del episodio 4, donde logra salvar a la niña durante el traslado por mar, el alcalde decide convertir al doctor Do en la imagen perfecta para una campaña política.

Entrevistas.

Fotografías.

Discursos.

Reconocimientos.

Titulares exagerados.

Todo el paquete.

Y la verdad es que si me pareció interesante verlo tan incómodo. A Lee Jae Wook la incomodidad se le nota en el cuerpo, en los gestos, en como frunce la boca, el entrecejo. Realmente se le siente el repelús.

Y este fue uno de esos momentos donde se lo notó lo incomodo.

Para muchas personas aquello habría sido una oportunidad perfecta para escapar temporalmente de la isla.

Menos pacientes.

Menos responsabilidades.

Más reconocimiento.

Más comodidad.

Pero él nunca parece disfrutarlo.

De hecho, cuanto más intentan convertirlo en un héroe, más incómodo se siente.

Porque mientras todos celebran una historia inspiradora, él sigue viéndose como un médico que simplemente hizo su trabajo.

Y mientras le llenan la agenda de entrevistas, hay algo que empieza a molestarle cada vez más.

No está viendo pacientes.

No está ejerciendo medicina.

No está haciendo aquello por lo que realmente está allí.

Por eso me gustó tanto que terminara regresando a la isla.

Porque confirma algo que el episodio 3 ya había empezado a mostrar.

El pueblo le importa más de lo que quiere admitir.

Y los pacientes también.

La decisión de la abuela

Pero el verdadero corazón de estos episodios está en otra parte.

La abuela de la protagonista.

Desde hace varios capítulos sabemos que su situación es grave.

Existe un tratamiento experimental. Existe una posibilidad. Existe una esperanza.

Pero también existe una decisión. Y la abuela decide que no quiere continuar.

Quiere vivir el tiempo que le queda bajo sus propios términos.

Y quiere marcharse con dignidad.

Lo complicado es que quien descubre esa decisión es precisamente el doctor.

Y decide respetarla.

Como médico y como persona. Como alguien que entiende que los pacientes también tienen derecho a decidir sobre sus propias vidas.

Y con esto, todo explota.

Porque una cosa es una paciente.

Y otra muy distinta es la abuela de la persona con la que estás empezando una relación.

Cuando ser médico ya no es suficiente

La escena final del episodio 6 me pareció, hasta ahora, una de las mejores de la serie.

Porque la protagonista no le habla como profesional.

No le habla como colega, ni le habla como enfermera.

Le habla como alguien desesperada.

Como una nieta que no quiere perder a su abuela.

Y le pide algo muy concreto.

Que la ayude a convencerla de seguir intentándolo.

Pero no como médico.

Como novio.

Y ahí aparece el verdadero problema.

Porque el doctor no puede hacer eso.

No porque no la quiera. Tampoco porque no le importe.

Sino precisamente porque le importa.

Porque entiende la decisión de la abuela.

Porque cree que debe respetarla.

Porque para él la respuesta correcta sigue siendo la misma aunque duela.

Y entonces llega esa palabra:

“Míane-o.”

Una disculpa. Simple y pequeña. Pero cargada de significado.

Porque sabe que la va a decepcionar.

Porque sabe que no le está dando la respuesta que ella esperaba escuchar.

Y porque probablemente entiende que esa decisión tendrá consecuencias para ambos.

Mi mirada

Hasta ahora Doctor on the Edge sigue siendo un drama bastante cómodo de ver.

Sigue teniendo pacientes de la semana.

Sigue teniendo momentos ligeros.

Sigue teniendo humor.

Sigue teniendo romance.

Pero estos episodios me dejaron una sensación distinta. La serie ya nos presentó el conflicto real. Uno que no puede resolverse con una receta médica.

Ni con una cirugía.

Ni con una emergencia.

Ni siquiera con buenas intenciones.

Porque aquí no existe una respuesta perfecta.

Solo personas intentando hacer lo correcto desde lugares distintos.

Y eso me parece mucho más interesante que cualquier villano que pudieran inventar.

Ahora toca esperar al próximo episodio.

Porque después de ese “míane-o”, tengo la sensación de que la verdadera prueba para esta pareja recién está comenzando.